Mientras la gran mayoría de la región de la Cerdanya duerme, en la finca Cal Jeroni la jornada comienza mucho antes de que despunte el alba. A las cinco de la mañana, Bernat (31 años), ingeniero agrónomo, y Claudia (26 años), técnica superior en ganadería y asistencia en sanidad animal, ponen en marcha una exigente rutina dedicada al cuidado y producción pecuaria en pleno corazón de los Pirineos.
El camino de esta pareja comenzó cuando Bernat acudió a reparar el tractor del padre de Claudia. Con la llegada de la pandemia de covid-19 y el confinamiento, consolidaron el proyecto de asentarse en la propiedad familiar de él. “Los dos habíamos acabado los estudios y decidimos venir a vivir aquí... empezamos a pensar que podíamos crear juntos”, rememora Claudia, quien desde su infancia supo que su vocación estaba ligada a los animales.
Lejos de causar sorpresa, la iniciativa fue recibida con entusiasmo por sus allegados. Sin perder tiempo, levantaron la granja desde cero e importaron cabras alpinas desde Francia —reconocidas por su alta rinde lácteo—, además de sumar vacas Fleckvieh y cabritos. Para garantizar el suministro continuo durante todo el año a las queserías, estructuraron a las cabras en diversos lotes reproductivos de forma escalonada, mientras que las vacas pastan en la alta montaña durante el verano y bajan a los prados cercanos y naves en otoño e invierno.
El ritmo diario es vertiginoso. Bernat madruga a las 5:00 para distribuir la leche, mientras Claudia inicia a las 6:30 el ordeño de las 130 cabras. Tras el reencuentro en el predio, continúan con la alimentación, atención de los cabritos, monitoreo de partos y tareas imprevistas o de mantenimiento. “Al mediodía intentamos descansar un poco, pero muchos días no podemos... Normalmente, nos vamos de la granja a las nueve y media de la noche”, relata la joven técnica, subrayando que la atención es constante.
A pesar de la dureza de las labores físicas, la pareja busca perfeccionar su trabajo mediante innovación: cuentan con ventiladores para el verano, calefacción y camas de paja en invierno, e integraron un sistema de ordeño automatizado que mide el rendimiento e interrumpe la extracción para cuidar al animal. Sin embargo, reconocen que la carga administrativa es su mayor obstáculo. Con la asistencia de la asociación Joves Agricultors i Ramaders de Catalunya (JARC) tramitan la burocracia, aunque admiten que el papeleo les resta tiempo valioso en el campo.
De cara al futuro, Claudia y Bernat proyectan instalar una pequeña tienda en la finca para impulsar la venta directa y sumar un empleado. Pese a que descartaron tajantemente ofertas laborales tentadoras en Barcelona, reafirman su convicción por el medio rural: “Cada vez son menos las personas que se quieren dedicar a esto y, en realidad, es un trabajo que te enraíza al territorio y a la vida”, concluyen con firmeza.
Con información de Clarín.

