A las puertas de cumplirse 333 años de su trágica ejecución en la hoy célebre Plaza de la Concordia —acontecida un 16 de octubre tras el juicio amañado bajo el Régimen del Terror de Robespierre—, la figura de María Antonieta experimenta un renovado fervor cultural. La última reina consorte de Francia no solo es recordada por su trágico final en la guillotina, sino también por el impacto de su coronación como ícono pop hace exactamente 20 años de la mano de la cineasta estadounidense Sofía Coppola.

El aniversario del aclamado largometraje protagonizado por Kirsten Dunst ha desencadenado una batería de homenajes internacionales. Tras la finalización en marzo de la muestra Marie-Antoinette Style en Londres, el Petit Trianon de Versalles abrió las puertas de Marie-Antoinette par Sofia Coppola, una exhibición inmersiva que permanecerá habilitada hasta finales de enero de 2027. A esto se suma el lanzamiento en Estados Unidos del libro Making Marie Antoinette, obra del fotógrafo Andrew Durham, quien capturó en formato analógico la confluencia entre el esplendor dieciochesco y los bastidores del rodaje.

El despliegue conmemorativo no se detiene ahí. En noviembre, la plataforma Mubi estrenará un documental homónimo ensamblado por la propia Coppola a partir de grabaciones registradas por su madre, la recordada Eleanor Coppola. Paralelamente, una copia restaurada en resolución 4K rueda por salas de cine de autor en Norteamérica —encabezadas por el Paris Theater de Nueva York— antes de su desembarco en el Reino Unido, Irlanda y Francia. La emblemática historiadora británica Antonia Fraser, de 94 años y autora de la biografía María Antonieta, la última reina (publicada por Edhasa) en la que se basó el filme, respaldó públicamente la visión de la directora de Perdidos en Tokio y Priscilla, calificando la pieza cinematográfica como "muy hermosa".

Una mirada contemporánea sobre la dinastía y la moda

Nacida como María Antonia de Austria, hija de los emperadores Francisco I y María Teresa, la joven fue enviada a Francia para desposar al futuro Luis XVI en un intento geopolítico por sellar la paz entre potencias. Arrojada a una corte hostil e intrincada, la joven desarrolló una pasión desenfrenada por el diseño y la estética. Esta faceta fue inmortalizada en el cine gracias al vestuario diseñado por Milena Canonero y al legado histórico de Rose Bertin, la humilde costurera que se convirtió en modista oficial de la corona y pionera de la alta costura posterior.

El filme también rescató la sensibilidad aromática de la monarca, quien contó con las creaciones del perfumista Jean-Louis Fargeon, e inmortalizó su devoción por el arte, la música y los retratos de Elisabeth Vigée Lebrun. Pese a las frías críticas iniciales en el Festival de Cannes de 2006, la obra de Coppola —con su inolvidable banda sonora que combina a The Strokes, New Order y The Cure con piezas barrocas de Vivaldi y Rameau, sumado a la repostería de la Maison Ladurée— logró consolidarse como un hito estético que influyó decisivamente en casas de moda como Chanel, Balenciaga y diseñadores como Manolo Blahnik.

Con información de elDiarioAR.