El sonido del despertador no desencadena pensamientos sobre la rutina, la facultad o el trabajo, sino la toma de conciencia sobre el peso insoportable del propio cuerpo. Con una sensación física equiparable a sábanas de cemento, arrancar la jornada se transforma en un reto diario impulsado por los efectos acumulados de hipnóticos y ansiolíticos prescritos la noche anterior. Esta pesadez de motor viejo que pugna por ponerse en marcha refleja una realidad que miles de personas transitan en silencio.

Esta experiencia individual forma parte de una marea epidemiológica silenciosa pero contundente. De acuerdo con el 2º Informe Federal de Salud Mental, coordinado por la Universidad Nacional de Lanús, en Argentina las internaciones en el sistema público de salud mental crecieron un 42% desde 2023, mientras que las consultas ambulatorias registraron un alza del 23% en el último año. El panorama internacional no es más alentador: el Barómetro Juventud, Salud y Bienestar indica que el 54,7% de los jóvenes en España atravesó problemas de salud mental recientemente, mientras que el Informe Juventud en España advierte sobre un disparo del 590% en la tasa de trastornos psicológicos entre personas de 15 a 34 años.

Para la protagonista de este relato, la espiral se desencadenó tras una seguidilla de eventos traumáticos: una lesión lumbar inhabilitante, una intervención quirúrgica de cordales, el fallecimiento de su abuelo y la ruptura de su pareja. Tras colapsar anímicamente y perder la capacidad de conciliar el sueño, a principios de enero de 2026 inició un tratamiento psiquiátrico bajo prescripción médica con Zolpidem, Rivotril y Fluoxetina.

El transcurso cotidiano bajo estos fármacos da paso a lo que describe como una 'vida en pausa'. La percepción del entorno persiste, pero la capacidad de conectar o responder con la inmediatez exigida se embota. Este fenómeno no afecta a todos por igual: los indicadores señalan que, si bien el 10% de la población sufre ansiedad, la incidencia en mujeres duplica a la de los hombres, evidenciando una marcada brecha de género en este tipo de padecimientos.

Llegada la noche, la resistencia mental choca contra la necesidad de descanso. A pesar de la medicación, la rumiación de pensamientos genera una angustia constante antes de que la química fuerce un apagón repentino. Este consumo va en consonancia con los registros del Observatorio de Tendencias de Cofares, que reportan un incremento del 24% en la demanda de antidepresivos en farmacias durante el último año.

A sus 22 años, entre el temor a la cronicidad y el pánico a desarmar la red de contención farmacológica, la joven sostiene que la medicación funciona como una armadura pesada pero indispensable para reconstruirse paso a paso, apelando a la empatía social frente a una contienda interna que consume hasta la última reserva de energía.

Con información de elDiarioAR.